Hace unos años, en medio de mi incansable búsqueda de nuevos modelos de obtener resultados comunes,  me topé con algo que hacen los desarrolladores de software que se llama “metodologías ágiles”.

De alguna manera mágica y poderosa, lo que ellos estaban resolviendo para dejar de entregar tarde productos que ya no servían, era para mí la puerta de entrada a un nuevo modo de abordar la parálisis y desmotivación a la que me habían llevado años de formar parte de un modelo organizacional agotado, pero aparentemente indestructible. Se podría decir que, justo cuando pensaba que estaba perdiendo la guerra, llegaron los refuerzos. Por debajo de este sincero e innovador replanteo de las formas de obtener resultados colectivos, yo pude escuchar cuatro promesas que conquistaron toda mi atención.

1. Recuperar el tiempo

La frase No tengo tiempo es uno de los más efectivos bloqueadores de innovación organizacional. Implica inhabilitar la conversación acerca de prioridades, delegación de tareas, duplicaciones de esfuerzos, cuellos de botellas. No estar dispuestos a considerar la gestión del tiempo dentro de la estrategia de abordaje de un proyecto, es la primera barrera a derribar en este nuevo formato.

En las metodologías ágiles hablamos de tiempos y de cómo gestionarlos. Se trata de priorizar juntos. Se trata de estimar juntos. Se trata de hacer aparecer el fantasma del tiempo en la mesa de las decisiones colectivas.

2. Recuperar la alegría

Todas las personas tienen mucho que aportar. Bloquear su capacidad de hacer y ser escuchadas, las vuelve zombies del sistema laboral. Tenemos la fantasía de que podemos decirle a alguien cuál es exactamente el tipo de aporte que esperamos de su parte, ni un centímetro más, ni uno menos. Como si las personas fueran parte de una máquina. (Y es así, porque trabajamos sobre la base del modelo industrial). Una vez que hicimos esto, nos quejamos de la falta de colaboración y etiquetamos a todos aquellos que no cumplen las reglas del juego como indiferentes e incapaces.

¿Qué sucede cuando devolvemos el poder a los equipos a través de un modelo de auto organización con decisiones compartidas y visibilidad de información? ¿Qué pasa si apostamos a la capacidad de diálogo y generación de acuerdos a través de equipos multifuncionales que resuelvan los problemas punta a punta sin la “sabia intervención de un gestionador que los module y autorice”?

Sucede algo muy raro de ver en los ámbitos laborales. Sucede la alegría de lograr cosas juntos.

3. Recuperar la conexión

Toda la gente destinataria de nuestros servicios, está enojada.

Me cansé de escuchar eso. Lidiar con el enojo del cliente, se define como parte de la tarea. Las empresas contratan gente que lo haga a la que le dan respuestas estándar para rechazar el conflicto. Nadie piensa en revertir eso, y hacerlo, puede incluso vivirse como amenaza, más que como soluciones.

Lo que nosotros hacemos no tiene nada que ver con el enojo de la gente, la gente se enoja porque no entiende, no entiende que nosotros hacemos lo mejor que podemos porque no tenemos tiempo y nuestro jefe no nos escucha.

Es como la letanía de la frustración organizacional. La podemos escuchar en diferentes formatos hasta el infinito. Resume una sola idea: entre ellos (clientes) y nosotros no hay conexión.

La agilidad se trata de pensar en resultados entregables a personas de las que esperamos obtener información acerca de cómo mejorar. Se trata todo el tiempo de conectarnos.

Para estar conectados interna y externamente generamos mecanismos de visibilidad y transparencia y espacios claros para la toma de decisiones. Trabajamos a partir de acuerdos consensuados y los modificamos todas las veces que sea necesario. No tenemos miedo de cambiar, porque cambiar es aprender y aprender nos mantiene conectados.

4. Recuperar la creatividad

¿Cómo pasar de siempre se hizo así a todo es posible?

Si existiera el genio de la lámpara de la agilidad creo que podría resumir esta promesa en algo así:

“Entregarás soluciones valiosas y funcionando de las que aprenderás cosas nuevas que te sorprenderán. Dejarás fluir el conocimiento, aprendiendo del error y pidiendo ayuda a tiempo. Abrirás el camino de la creatividad y tus ideas serán bienvenidas.”

Traer la creatividad al día a día, significa darnos permiso de desafiar, de experimentar, de escuchar y construir sobre las ideas de otros.

Pasar de un modelo a otro, no es automático, ni fácil, implica cambiar nuestras maneras de pensar y de hacer, desafiarnos a probar algo nuevo y entrenarnos en eso. Si aun así te interesa recuperar tiempo, alegría, conexión y creatividad, te invito a tomar un café porque quizás, vos también puedas, abrir una puerta nueva.